Fred Whan, un señor de Ontario, Canada, quiso ver la cara de Jesucristo en un filete de panga rebozado que le sirvieron en el menú de una cafetería. Desde que lo cocinaron en 2003 (no con mucho cuidado, todo hay que decirlo) ha guardado la ración en el frigorífico a la espera de un milagro como el de Diane Duyser, la dama de la tostada.